Como educadores, nuestra forma de pensar tiene un gran impacto en los niños a los que cuidamos. Cuando entramos en el aula con una actitud positiva, eso ayuda a crear un ambiente más alegre en el aula y genera un espacio seguro en el que los niños se sienten libres para explorar y aprender. En este artículo, te contamos por qué es tan beneficioso mantener una actitud positiva, junto con algunas prácticas sencillas para crear aulas y programas más felices.
Tener una actitud positiva no significa que no haya dificultades. Todo el mundo tiene días malos y, a veces, no nos sentimos en plena forma. Mantener una actitud positiva en el aula significa encontrar formas saludables de lidiar con el estrés para que no afecte a tu relación con los niños.
La positividad también puede significar encontrar el lado positivo en situaciones difíciles. Seguramente te encontrarás con retos en tu trabajo, pero estos retos también pueden suponer oportunidades para descubrir nuevas formas de enfocar las actividades y rutinas del aula. Intentar encontrar los aspectos positivos ayuda a mantener un ambiente alegre en el aula. Además, les enseña a los niños cómo se hace para seguir adelante, incluso ante la adversidad.
El Sr. Rogers solía decirles a adultos y niños que está bien sentir lo que sea que sintamos, pero que lo importante es lo que hacemos con esos sentimientos. Nos recordaba que podemos enseñar a los niños a nuestro cargo que «pueden enfadarse sin tener que hacerse daño a sí mismos ni a nadie más, que pueden experimentar toda la gama de sentimientos y expresarlos de formas muy sanas y positivas».
Tu actitud en el aula o en el programa tiene un impacto importante en el ambiente general de los niños y del espacio, y cuando entras en el aula con alegría, esa energía positiva se contagia.
Jon Gordon, autor de El poder del liderazgo positivo, señala que «las sonrisas sinceras, las palabras amables, el ánimo y la energía positiva contagian a la gente de forma positiva. Por otro lado, es muy probable que tus alumnos se contagien también de tu mal humor…Así que cada día que vienes al colegio tienes una elección… Cuando decides ser «contagiosamente» positivo, tu energía positiva tiene un impacto positivo en tus alumnos, en tus compañeros y, en última instancia, en la cultura de tu colegio. Tus alumnos recordarán muy poco de lo que les dijiste, pero recordarán al 100 % cómo les hiciste sentir».
Las interacciones positivas con los niños ayudan a fomentar la motivación, ya que crean un entorno de aprendizaje seguro, solidario y estimulante. Cuando les ofrecemos consuelo en los momentos difíciles o les felicitamos cuando han logrado algo, se sienten seguros, valorados y cuidados. ¡Estas interacciones positivas ayudan a construir relaciones con los niños y, en última instancia, favorecen su aprendizaje!
Busca el lado divertido de las dificultades. La verdad es que trabajar con niños pequeños es impredecible. Habrá momentos en los que tus planes no salgan bien, ¡y no pasa nada! Busca formas de reírte de las tonterías que surgen al trabajar con niños pequeños. Cuando una actividad no sale bien o las cosas se tuercen… ¡a veces la risa es realmente la mejor medicina!
Trae cosas «alegres» al aula. ¿Qué te hace feliz? Si te encantan las flores, coge unas cuantas frescas para ponerlas en tu clase. Quizá te guste el senderismo, tu mascota o pasar tiempo con tu familia. Trae a clase algunas fotos de tus cosas (¡o personas!) favoritas para que te den un poco de alegría y positividad a lo largo del día.
Habla con los niños sobre lo que sientes. Los niños aprenden muchísimo observando cómo nos comportamos. En situaciones difíciles, podemos hablar con ellos sobre cómo nos sentimos y cómo gestionamos esas emociones. Por ejemplo, si tenías planeada una actividad emocionante y al final no ha salido bien, coméntaselo a los niños: «Me da mucha pena que hoy tampoco hayamos podido hacer nuestro proyecto. Puede ser decepcionante cuando tenemos muchas ganas de hacer algo y al final no sale como esperábamos. Pero se me ha ocurrido otro juego divertido al que podemos jugar ahora que tenemos un rato libre».
Date tiempo y espacio para asimilar tus sentimientos. Por mucho que intentemos mantener una actitud positiva, habrá días difíciles. Si has tenido una mañana ajetreada en casa antes de venir al trabajo, tómate un minuto o dos antes de entrar en el aula para relajarte un poco. Respira hondo un par de veces y reconoce cómo te sientes antes de lanzarte a un día ajetreado en el aula.
Celebra las victorias. Los niños pequeños nos recuerdan que hay que disfrutar de las pequeñas cosas. Cuando decidimos centrarnos en lo bueno, eso nos ayuda a sentirnos más positivos, sobre todo en momentos difíciles. Comparte historias positivas con los padres por correo electrónico o en un boletín, o lleva un diario de gratitud para no perder de vista estos momentos especiales.