Las aulas de educación infantil son lugares muy ajetreados, ¡tanto para los niños como para los cuidadores! Las actividades tranquilizadoras, como los ejercicios de respiración y sensoriales, ofrecen a los niños una forma de aquietar sus cuerpos y hacer una pausa para restablecerse. Estas breves pausas de atención plena ayudan a los niños pequeños a dirigir su atención hacia sus pensamientos, sentimientos y sensaciones físicas actuales.
Este artículo describe las ventajas de incorporar actividades de atención plena a tu plan de estudios preescolares, y destaca cinco formas sencillas de practicar la atención plena con los más pequeños a tu cargo.
La atención plena es una habilidad que puede practicarse en cualquier momento y lugar. En pocas palabras, ser “consciente” es tomar conciencia de nosotros mismos en el momento presente y observar la experiencia sin juzgarla. Aunque esto pueda parecer complicado para los niños pequeños, los profesionales de la EPI pueden introducir habilidades básicas de atención plena con actividades apropiadas para su desarrollo, como la respiración consciente, el escáner corporal y el movimiento tranquilizador. Mediante la atención plena, los niños pequeños empiezan a establecer una conexión entre su cuerpo, sus pensamientos y el momento presente.
Además de crear un entorno pacífico en el que los niños se sientan seguros y conectados, la atención plena favorece el desarrollo de habilidades socioemocionales fundamentales.
Un artículo publicado en Early Childhood Education Journal que revisó los resultados de 18 estudios de investigación, descubrió que incorporar la atención plena en las aulas de educación infantil favorece la regulación cognitiva, emocional y conductual de los niños. Los investigadores también observaron que los educadores que utilizaban mindfulness en sus programas de aprendizaje temprano informaron de que los niños eran más propensos a demostrar comportamientos prosociales, como palabras y acciones amables, lo que mejoraba el ambiente general del aula.
A los pequeños les encanta moverse, y el yoga les ofrece una forma divertida y atractiva de mover el cuerpo con atención e intención. Cuando los niños practican posturas de yoga, aprenden a conectar su respiración con los movimientos. A continuación se incluyen algunos recursos para empezar a practicar yoga en el aula.
Notar y regular nuestra respiración puede ayudarnos a ralentizarnos, concentrarnos y conectar con el momento presente. Las actividades respiratorias que incluyen gestos y movimientos sencillos son especialmente eficaces para ayudar a los niños a aprender a conectar con su respiración y a controlarla. A continuación encontrarás algunos ejercicios sencillos de respiración para que los pequeños aprendan.
El uso de materiales como la baba, la plastilina y los frascos de purpurina anima a los niños a prestar atención a diversas sensaciones físicas mientras se desahogan. A continuación se enumeran ejemplos de actividades sensoriales conscientes que podrías incorporar a tu plan de estudios.
Los niños pequeños pueden disfrutar de sencillas meditaciones y momentos guiados de quietud que les animen a aquietar la mente y calmar el cuerpo. Invita a los niños a ponerse en una postura cómoda, como tumbados boca arriba o sentados en el suelo con las manos apoyadas en las piernas. Espera que se muevan un poco mientras practican sentarse en silencio, concentrarse en estar quietos y conectar con el momento.
A continuación se incluyen algunas meditaciones aptas para preescolares.
Los cuentos infantiles pueden ser una forma estupenda de introducir a los niños en la atención plena, facilitando conversaciones significativas sobre pensamientos y sentimientos. A continuación se incluyen algunas sugerencias de libros infantiles.
Las prácticas de atención plena son una adición positiva al horario preescolar en cualquier momento del día.
Por ejemplo…
Para los niños, participar en actividades junto a sus cuidadores es una experiencia de aprendizaje especialmente divertida y beneficiosa. Como educadores, podemos modelar técnicas de atención plena a lo largo del día, para que los niños puedan observarnos y aprender de nosotros. (Y los educadores obtienen una ventaja añadida, ya que también pueden dedicarse a sí mismos un poco de autocuidado).
Por último, recuerda que no hay una forma correcta o incorrecta de practicar la atención plena: es una actividad libre de juicios. La atención plena se denomina “práctica” porque no hay un objetivo final ni un destino definitivo. Esto significa que nuestra mente puede divagar y que nuestro cuerpo puede agitarse, ¡y no pasa nada! Mientras hagamos todo lo posible por reconectar y volver al momento presente, estaremos practicando la atención plena.